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11
Sep

Agua, peces e inteligencia artificial

Van dos peces jóvenes nadando y se encuentran con un pez viejo en sentido contrario, les saluda con la cabeza y dice ‘Buenos días, chicos. ¿Cómo está el agua?’ Los dos peces jóvenes nadan un poco más y entonces uno de ellos exclama ‘¿Qué diablos es el agua?

Piensa durante 5 segundos en tres singularidades o características que nos identifica como seres humanos. ¿si? Seguro que una de ellas ha sido la inteligencia. Es cierto, el único ser vivo que tiene inteligencia en la tierra es el ser humano y esta característica nos identifica inequívocamente. El resto de especies se mueve más por instinto y por supuesto no se cuestiona su existencia, no tienen consciencia. David Foster Wallace lo resume de forma genial en su paradoja de los peces.

Pero la inteligencia real (por diferenciarla de la artificial) es una recién llegada en la escala temporal del universo. Si el tiempo de evolución en la tierra se concentrara en un día, la inteligencia aparecería en el último segundo del día, justo antes de medianoche…

Y siendo tan “reciente”, sin embargo, es la que mas claramente nos diferencia del resto de seres vivos. pero ¿y de los que no son vivos como la Inteligencia Artificial?

¿Qué nos diferencia de la inteligencia artificial?

Todas las semanas nos encontramos con noticias que cambian nuestra perspectiva de lo “singular” que es el ser humano, me refiero a noticias que igualan y mejoran ciertas capacidades humanas consideradas eminentemente inteligentes como pueden ser escribir un libro, ser campeón del mundo de ajedrez o especialista médico. Encontramos GPT-3, un algoritmo basado en redes neuronales lingüísticas que es capaz de redactar artículos del tema que queramos sin que notemos la diferencia con uno escrito por un humano o que el mejor jugador de GO (un juego miles de veces mas complejo que el ajedrez) es ahora un algoritmo llamado AlphaZero, capaz de alcanzar en 24h de aprendizaje el nivel sobrehumano o algoritmos que son capaces de identificar tumores malignos con mayor precisión que un médico especialista… Inquietante ¿no?

Y es que está muy cerca de que no tengamos la exclusividad de la inteligencia en la tierra… ¿o tal vez esté todavía muy lejos? me explico…

El experimento de la habitación china

La idea de que la inteligencia es lo mismo que el comportamiento inteligente ha sido cuestionado por algunos. El contraargumento más conocido es el experimento mental de la sala china de John Searle. Searle describe un experimento en el que una persona que no sabe chino está encerrada en una habitación. Fuera de la habitación hay una persona que puede deslizar notas escritas en chino dentro de la habitación a través de una ranura de correo. La persona dentro de la habitación tiene un gran manual donde puede encontrar instrucciones detalladas para responder a las notas que recibe del exterior.

Searle argumentó que incluso si la persona que está fuera de la habitación tiene la impresión de que está conversando con otra persona de habla chino, la persona que está dentro de la habitación no entiende chino. Del mismo modo, su argumento continúa, incluso si una máquina se comporta de manera inteligente, por ejemplo, al pasar la prueba de Turing, no se deduce que sea inteligente o que tenga una «mente» de la misma manera que un humano. La palabra «inteligente» también se puede reemplazar por la palabra «consciente» y se puede hacer un argumento similar.

La Paradoja de Moravec: lo fácil es difícil en IA y viceversa

Uff, vale, parece que estamos a salvo, la IA se parece más a una habitación china y como no tiene “consciencia” pues nunca se parecerá a nosotros… ¿seguro?, veamos algunos ejemplos que hacen que la frontera no esté tan clara ya que nuestro cerebro también funciona como una caja china muchas veces…

Una de ellas es la capacidad espacial que tenemos al reconocer lo que tenemos a nuestro alrededor. Esto se entiende mucho mejor cuando vemos como un potente algoritmo de IA es capaz de ganar al campeón mundial de ajedrez, pero no le pidas que recoja las fichas y las guarde en una caja tras la partida, fracasará. La area que un niño de un año puede realizar sin problemas, no lo pueden resolver los robots más avanzados.

Cuando hacemos un movimiento no tenemos la “consciencia” de pasos que damos del tipo “levanto el musculo del brazo y luego calculo la distancia hasta el destino, giro, pienso por donde agarrarlo y con cuanta fuerza……” esto es muy trivial para nosotros, es instintivo, pero para la IA “es un gran problema”… sino, ver este ejemplo sobre como monta un robot un mueble de IKEA (vale, algunos somos también negados, pero no nos tiramos 11 minutos calculando la distribución de la habitación 😉).

El argumento de Moravec a la hora de formular su Paradoja es sencillo: cuando desarrollamos inteligencia artificial, no hacemos sino aplicar ingeniería inversa sobre nuestra propia inteligencia. Y el esfuerzo necesario para copiar cada habilidad humana es proporcional a la antigüedad con que ésta apareció en nuestro árbol genealógico.

Conclusiones

Entonces, si algunas de las funciones más “inteligentes” de nuestro cerebro son relativamente fáciles para la IA ¿no somos tan inteligentes como pensábamos? ¿somos conscientes, pero no tan inteligentes? ¿Es la capacidad de razonar algo fácilmente imitable?

Vale, la IA usa la fuerza bruta, es insuperable analizando datos, buscando patrones y generando predicciones a partir de millones de datos, pero eso no significa que comprendan, pero ¿no hace el oído humano lo mismo? Se encarga inteligentemente de descomponer los sonidos en transformadas de Fourier para filtrar y quedarse solamente con las frecuencias que aportan información y eliminar el ruido de fondo…. Maravillosamente perfecto… pero en modo “habitación china”.

Quizás debamos empezar a cambiar la definición de qué nos hace más humanos y la inteligencia pase a no tener tanta importancia y si más los sentimientos, la ética y la capacidad de cooperación…. ¿os imagináis a un modelo de inteligencia artificial sintiendo miedo, ligando, cotilleando, diciendo una mentira (a si mismo o a los demás), sintiendo remordimientos o moral, bostezando, soñando, imaginándose unas vacaciones en el caribe, con tabúes y fobias, sintiendo compasión o la angustia ante la muerte…? yo, de momento no, ¡¡que lejos queda ahora la IA!!

Volviendo a la paradoja de los peces, la parte mas obvia de nuestra realidad muchas veces nos resulta difícil de ver y justo ahí está la clave de por qué somos humanos….

LinkedIn Javier Garrido

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