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May

Bueno, bonito y barato, y si puede ser… gratis

En esta ocasión, me gustaría tratar un tema muy relacionado con el mundo de las aplicaciones OpenSource, en concreto enfocadas a la gestión empresarial, independientemente del modelo de negocio que haya detrás de ellas.

Los usuarios tienden a confundir el término OpenSource con la palabra “gratis” o con la palabra “barato”. Para empezar, esto ya es algo ofensivo para lo que nos esforzamos día a día para dar u ofrecer soluciones profesionales, y esto es algo, que creo que los que nos dedicamos a esto, deberíamos dejar muy claro desde un principio a los clientes potenciales o prospectos, que acuden a nuestra empresa de consultoría, informática, desarrolladora, proveedor de soluciones, etc., con el ánimo de despejar dudas y confusiones a éstos. Un punto clave para realizar estas aclaraciones, desde mi punto de vista, pasaría por el momento previo de realizar una propuesta comercial u oferta, y no hacer perder tiempo a ninguna de las partes (comprador-vendedor). Aprovecho para remarcar, que hablo de un escenario donde el cliente busca una solución concreta por estar desarrollada bajo la filosofía OpenSource, o bajo el modelo de negocio free o freemium, lejos del escenario donde el cliente final, busca una solución real a su problema indistintamente de la filosofía de la aplicación.

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Hace muchos años las aplicaciones solían ser privativas, es decir, que los desarrolladores no entregaban el código fuente de sus aplicaciones, con el objetivo de establecer un modelo de negocio cerrado y creando vínculos difíciles de romper, donde el único beneficiario era el fabricante y los distribuidores, algo totalmente válido y legal, y que hoy en día, aún se sigue manteniendo, afortunadamente en decadencia. Este modelo implica costes de licencias, además de otros gastos inherentes a la puesta en marcha de la aplicación, asistencias, mantenimientos, formaciones, etc., pero siempre lejos de la “libertad”, algo que personalmente, pienso y creo firmemente, que esa libertad, ha de ser un derecho y NO una opción, como cliente que paga por la licencia de uso (por llamarlo de alguna manera), que habitualmente suelen tener un precio que, en algunos casos, no está al alcance de todos.

Como ya se sabe, tras la aparición de las aplicaciones OpenSource, cambia, o mejor dicho, revoluciona el mercado, ofreciendo nuevas oportunidades a todos los que viven de dichas aplicaciones, que ya no son cerradas, sino, todo lo contrario, abiertas, con la posibilidad de modificar el código fuente, y abriendo nuevos horizontes que antes no eran alcanzables. Muchas de estas aplicaciones, es cierto que son gratuitas, y otras no, como siempre dependiendo del modelo de negocio establecido por el fabricante o comunidad (no siempre el fabricante ha de ser una empresa privada, sino por el contrario, puede ser una Comunidad, constituida por un conjunto de voluntarios que pretenden evolucionar la aplicación de forma colaborativa, sin recibir ninguna retribución a cambio).

Dicho esto, el cliente o usuario final, ha de buscar una solución a su problema que resuelva sus necesidades y se ajuste a su presupuesto, pero nunca la búsqueda de la solución ha de estar relacionada o justificada, por el “gratis”, aunque en la realidad pueda serlo dependiendo del modelo de negocio propuesto del fabricante (empresa o comunidad). Inclusive, llegar a  subestimar la labor del equipo de consultores, analistas, programadores, testeadores, etc., para la adaptación o personalización, o cualquier otro servicio requerido, que parte de una base que es gratuita o de bajo coste (el mismo software sobre el que se trabaja) deja de tener sentido, cuando el usuario final, tiende a comparar dicha base (el programa) con la solicitud de adaptación o personalización, de una parte del programa central.

Mi intención es, hacer recapacitar, al cliente final, en el momento de la “selección de sus candidatos como software de gestión”. Puntos más importantes al “precio” pueden ser: sus características y funcionalidades, el valor añadido que aportará a nuestra empresa en tiempos corto, medio o largo plazo, la libertad que me ofrecerá en cuanto a proveedores de soluciones, la  facilidad de adaptación a futuras necesidades que tendré con dicha aplicación, disponer de servicios de soporte o ayuda, través de diferentes medios de comunicación (chat, teléfono, email, tickets…) pero nunca debemos apostar por aplicaciones OpenSource, simplemente por su relación con el coste o ahorro, tan sólo hay que verlo como una ventaja adicional al conjunto de “pros”, pero nunca como requisito principal, imprescindible y diferenciador.

Cuando tu empresa depende de una aplicación, por muy bien que gestiones personalmente todos tus recursos, no la puedes dejar expuesta dependiendo de un sistema que no ofrece información real, por defectos propios del sistema, y que no permite actuar conforme a la situación de ese momento, crítico o no. Una aplicación de gestión, cuyo objetivo, es determinar el estado real de la empresa, desde diferentes vistas departamentales o áreas empresariales, pueden determinar el futuro de nuestra compañía, convirtiéndose en tu mayor aliado, o en tu mayor enemigo, dependiendo de la efectividad y eficacia de dicho sistema.

Artículo redactado por Bernardo Cabezas Calero, CEO de 2Byte.es

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