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May

La Internet cuántica

La Internet cuántica

Los físicos parecen que serán, en los próximos años, los máximos artífices y responsables del advenimiento de una nueva red de redes, basada en protocolos cuánticos. Como todo descubrimiento, su aplicación práctica dista mucho de estar cerca, y cuando utilizamos el término cerca, nos referimos a unos 8 o 10 años.

Claro está, que 10 años, en el mundo actual, casi casi es corto plazo.

¿Una Internet cúantica?

Lo radical del descubrimiento, que en sí mismo es un ensayo físico de primera magnitud, es conectar tres dispositivos muy diferentes, a través de partículas extremadamente sofisticadas, como son los fotones. Para los neófitos, entre los que lamentablemente me encuentro, el fotón es considerado por los expertos y científicos como una partícula elemental, que se manifiesta mediante efectos electromagnéticos en fenómenos cuánticos.

Ahora toca, definir el fenómeno cuántico. La mecánica cuántica es una rama de la física (de ahí que aparezcan, con toda legitimidad los físicos antes mencionados) que estudia a escala mesoscópica, la naturaleza, y por tanto, lo que engloba a átomos, subátomos, e interacciones electromagnéticas del propio espectro de radiación.

El rey de la internet cuántica, es y será, el qubit, el llamado a ser equivalente cuántico al bit ordinario de la informática que hemos conocido de toda la vida.

Sin embargo, a día de hoy, aun con muy prometedores estudios e investigaciones de campo, queda mucho para que podamos tener la información, casi a la velocidad de la luz. Lo que sí parece que todos coinciden, es que, al igual que la Tierra se encuentra en una complicada situación desde el punto de vista medioambiental, buscando no solo la Nasa sino también otros grupos empresariales multinacionales un planeta habitable en 2025 (como por ejemplo Marte), podría ser imprescindible contar con esta Internet cuántica mucho antes de lo previsible. Concretamente, antes del 2023, fecha fijada por los expertos (y algún agorero) de la muerte de la red de redes, por colapso de datos y por el “ruido” de la información.

Y no lo digo yo. Lo dicen muchos expertos, como el profesor Andrew Ellis, de la Universidad de Aston, que con buen juicio, indica que “el consumo de energía se duplica cada cuatro años”, por lo que según sus cálculos, en 2035 Internet necesitará toda la energía que produce, por ejemplo, el Reino Unido. Pero además, tenemos a miles de granjas de minería de datos para criptodivisas consumiendo energía de forma desenfrenada. No me extrañaría nada, que el próximo negocio hiper rentable que sustituya a las mascarillas, sean las velas para iluminar la casa ante los presuntos cortes que iremos viendo en los próximos años. Habrá que comprar acciones de Ikea….

Pero es que la propia BT, compañía inglesa de telecomunicaciones, señala que los cables de fibra óptica llegarán a su máxima capacidad en el año 2023. Negro panorama…

¿Internet cuántica: Avance o necesidad?

Así que, la Internet cuántica no sólo es un avance híper estimulante, sino una necesidad imperiosa, dada la “glotonería” del ser humano y de las empresas por el consumo de datos. Qué lástima que Internet, no tenga su propia papelera de reciclaje…

Y no podría finalizar este artículo sin la consabida aportación cinematográfica. En esta ocasión, casi casi, y como se suele decir, queda a “huevo”: Contact. Esta película, dirigida por Robert Zemekis en 1997 va a cumplir los 25 años. Una película con un fuerte trasfondo ideológico, político y científico, que dividió por partes iguales a creyentes y agnósticos. Creyentes sobre todo en que existe un más allá que está mucho más cerca de lo que parece, y en el que podríamos perfectamente, llegar, permanecer, y volver, prácticamente de forma instantánea. ¿Cómo? Mediante nodos a los que podríamos llegar una vez identificada un red cuántica interestelar.

Y eso es así, porque desconocemos si civilizaciones más avanzadas que nosotros, usan esta “energía cuántica” como motor de desplazamiento instantáneo, de manera que los datos se volvieran “elásticos” y “transparentes”. En fin, ciencia ficción en todo regla. O no.

Por si acaso, ya estoy utilizando mi Raspberry Pi 4 Model B para ir cacharreando, a ver si voy cogiendo las señales cuánticas que, casi seguro, nos manda el universo…

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