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18
Oct

RetroPie: un sistema de emulación de videojuegos libre

Afirma Steven L. Kent en su obra The ultimate history of video games que “la comunidad de jugadores está repleta de gente que sabe un montón sobre la historia de los videojuegos y hará todo lo que pueda para preservarla”. Uno de los ejemplos más notables de cómo los jugadores están contribuyendo a conservar los videojuegos (y, con ellos, su historia) es RetroPie, un sistema de emulación de videojuegos libre para Raspberry Pi desarrollado íntegramente por la comunidad. Con 2,9 millones de descargas entre abril de 2016 y septiembre de 2017, es uno de los proyectos de emulación de videojuegos más populares a día de hoy. Buena parte de su éxito se debe a que el software se puede utilizar libremente y permite emular media centena de videoconsolas antiguas en un ordenador de placa reducida muy económico .

¿Qué es RetroPie?

RetroPie no es ni un sistema operativo ni un emulador propiamente dichos, sino un paquete que trae instalado todo el software necesario para que un usuario sin conocimientos avanzados de informática pueda reproducir su colección de videojuegos antiguos. El sistema está compuesto por tres elementos:

  1. EmulationStation: Es la interfaz gráfica oficial del proyecto RetroPie. Destaca por su facilidad de uso y la posibilidad de añadir temas personalizados.

  2. RetroArch: Es el front-end de referencia de Libretro API. Permite al jugador emular más de cincuenta sistemas en una única plataforma.

  3. Raspbian: RetroPie se ejecuta en Raspbian, una distribución GNU/Linux basada en Debian.

Entre las videoconsolas a las que permite jugar RetroPie se encuentran Atari 2600, NES, SNES, Megadrive, PlayStation 1 y Nintendo 64. Algunos emuladores necesitan la BIOS del sistema original para ejecutar ciertas funciones, como es el caso de PCSX-Rearmed, el emulador de PlayStation 1 incluido en RetroArch. Debido a la complejidad de la legislación en materia de propiedad intelectual, que varía significativamente de un país a otro, ni las BIOS ni las imágenes de los juegos (conocidas como ROM) pueden ser proporcionadas con RetroPie y deben ser aportadas por el usuario.

De acuerdo a los investigadores que han participado en el proyecto Preserving Virtual Worlds, un emulador utilizado dentro de una estrategia de conservación de videojuegos debe cumplir los siguientes requisitos:

  1. El emulador está basado en software libre.

  2. El emulador está actualizado.

  3. Hay documentación interna y externa razonable para el proyecto.

  4. La interfaz del emulador es fácil de utilizar por parte de jugadores sin perfil técnico.

  5. El emulador permite una amplia variedad de opciones de optimización y ajustes.

  6. El emulador es robusto y proporciona una experiencia de juego bastante fiel a la original.

Un rápido vistazo al sitio web oficial de RetroPie basta para comprobar que no solamente estamos ante un proyecto de software libre, sino que el sistema recibe actualizaciones constantes y está totalmente documentado. EmulationStation proporciona a los jugadores sin perfil técnico una interfaz muy amigable. RetroArch, por su parte, ofrece muchas posibilidades de configuración a los usuarios que no tengan miedo de lidiar con una terminal de GNU/Linux.

Límites de la emulación

A pesar de que RetroPie cumple todos los requisitos señalados más arriba, incluyendo el de proporcionar una experiencia de juego lo más parecida posible a la original, debemos ser conscientes de que ningún emulador puede recrear a la perfección esa experiencia. Por ejemplo, una funcionalidad tan útil como la de poder grabar nuestro progreso en cualquier momento de la partida –que RetroPie trae de serie– puede distorsionar completamente muchos juegos de los ochenta y los noventa, que no ofrecían esa posibilidad y exigían al jugador una gran habilidad para completarlos de una sola vez, al modo de los juegos arcade.

Hay que tener en cuenta también que una parte importante de los videojuegos es su look and feel, es decir la apariencia y la experiencia de juego originales. Sin embargo, la dificultad de encontrar personas con conocimientos suficientes para reparar los sistemas originales aumenta con el paso del tiempo. Ésta es una de las problemáticas de la preservación del hardware señaladas en el informe final del proyecto Preserving Virtual Worlds, que recomienda considerar opciones que permitan experimentar el juego aunque no esté disponible una determinada plataforma de hardware.

La impresión 3D nos permite producir carcasas y periféricos para estos emuladores que recreen el aspecto de la consola original. En páginas como Thingiverse encontramos decenas de modelos tridimensionales publicados bajo licencias Creative Commons, pero no tenemos por qué ceñirnos a los diseños disponibles y, con los conocimientos suficientes, podemos modelar nosotros mismos la carcasa o el mando utilizando aplicaciones de software libre como Blender.

La impresión 3D todavía tiene que madurar y sus aplicaciones en el campo de la preservación digital aún no se conocen bien. También plantea problemas nuevos, como qué grado de diferencia con la carcasa y los periféricos originales es aceptable. En cualquier caso, estamos ante una tecnología muy económica que podría ayudar a resolver algunas de las problemáticas a las que se enfrentan los archivos, las bibliotecas y los museos que gestionan colecciones de videojuegos, y deberíamos investigar más a fondo cómo aprovecharla.

Otra limitación de la emulación que RetroPie no logra resolver es la manera de asegurar que las ROM a la que jugamos son imágenes fieles de los videojuegos originales. Aunque estamos ante un proyecto muy útil para asegurar la conservación a largo plazo de los videojuegos –que cumple, además, con los requisitos identificados por los especialistas–, urge encontrar un sistema (que necesariamente ha de ser una combinación de políticas de preservación digital y herramientas informáticas) que nos permita asegurar la autenticidad, integridad, fiabilidad y usabilidad de los videojuegos antiguos. Para ello será necesario que las instituciones dedicadas a conservar el patrimonio digital unan sus conocimientos y recursos al esfuerzo que está realizando la comunidad –materializado en proyectos como este sistema de emulación de código abierto–, sin la cual probablemente se habría perdido para siempre buena parte de la historia del décimo arte.

Fotografías:  licencia Creative Commons

Guillermo Castellano

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