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Dic

Día uno del Teorema Zero

Hablar de Terry Gilliam y Monty Python sin nombrar “Zero Theorem” (Teorema Zero) sería pasar de puntillas por una de las principales películas de la década del 2010, pues apenas nos separan 7 años desde su estreno en el Festival de Venecia (2013).

Este desconocido (supongo que para muchos) “Teorema Zero”, nos habla de un futuro distópico, alegórico y algo surrealista, pero quizá no tan alejado de nuestra realidad actual donde la pandemia ha generado graves y quizá irreversibles y complejos efectos en la relaciones laborales y humanas, con una clara deshumanización laboral, sobre todo por el empuje de la economía capitalista, que sigue siendo el principal motor del mundo.

Sin duda es una película fuera de toda categorización, difícil de entender y sobre todo de encontrar un significado entre todo el marasmo de las diferentes tramas que se entrecruzan, aunque hay que reconocer que el que la haya visto (si no lo has hecho te lo recomiendo), reconocerá cierto paralelismo con la situación actual.

Mancom, una empresa todopoderosa, es la encargada de “ofrecer un sentido de la vida” a la gente. En ella, trabaja un informático medio matemático, que debe de encargarse de resolver un indescifrable y casi completamente irresoluble, “teorema zero”. Este teorema es, en sí mismo, una forma de establecer el verdadero significado de la vida y del universo, mediante teoremas, algoritmos y fórmulas.

Realmente no es una película fácil de entender. De hecho, se dice que menos de un 5% de los espectadores que la han podido ¿disfrutar?, han sabido descifrar el sentido último que, tanto el guionista como el director, querían dar a la película. Pero para aquellos que no tengan ninguna motivación con este articulo para verla (lo puedo entender, vaya), se la resumo en apenas dos líneas: el sentido de la vida, del dominio de la máquina sobre la vida del hombre, y el valor (o desvalor) de la sociedad de masas.

¿El Teorema Zero hoy en día? – El nuevo escenario

¿Suena de algo? A día de hoy, prácticamente toda la humanidad “ha cedido” la esperanza de la recuperación y de la salida de esta pandemia, a la biotecnología, a una o más vacunas que nos libren de esta terrible situación que ha generado (y lo sigue haciendo y lo hará presumiblemente algo más de tiempo) este minúsculo (y despreciable ya por todos) virus.

Por lo que el debate quedará abierto mucho tiempo… ¿Cómo algo tan minúsculo es capaz de condicionar la vida de una forma tan espectacularmente certera y mortífera?. Si aplicamos el sentido de este “Teorema Zero” a nuestro entorno laboral, profesional, empresarial, pero sobre todo personal, nos haría, quizá, reflexionar finalmente sobre el sentido de la vida. No es que hoy me encuentre especialmente metafísico, pero pienso, vaya estoy totalmente convencido, de que hay momentos, y este sin duda es uno de ellos, donde conviene parar, relajarse y a ser posible, encontrar el sentido de la vida. De la nuestra por separado, pero también de la nuestra en nuestro contexto como grupo y comunidad.

Las máquinas no podrían, siguiendo un razonamiento básico, estar expuestas nunca a una situación como la actual. De manera que, si la Robótica y los sistemas informatizados autónomos se convierten con el tiempo en una realidad muy cercana al ser humano, volveremos a establecer el contador al punto de origen, del teorema que da pie a este artículo, y sobre la base de la necesidad de encontrar “mi/nuestro sentido de la vida”.

Ni la tecnología, ni la programación, ni las neurociencias o las biotecnologías, podrán darnos nunca (supongo) una respuesta clara. Básicamente, porque buscamos un imposible. Avanzamos en conocimiento sí, pero posiblemente retrocedemos en valores, cuando nuestro “guion de vida” naufraga al igual que (según los críticos de cine) lo hace la película de Gilliam.

Si a estas alturas todavía no presentas los primeros signos de curiosidad sobre esta película, quizás te estarás planteando verla cuando tengas un tiempo o momento adecuado (vaya, que no tengas otra cosa mejor que hacer), y sobre todo, cuando lo verdaderamente importante de tu vida, personal y profesional del día o la semana, esté completamente realizado y controlado.

Ciertamente, harás bien si lo haces así, pero, irremediablemente, plantea un nuevo escenario: todo lo que ha perdurado durante años (trabajo, empresas, relaciones, vidas…) puede desaparecer en cuestión de minutos, por algo verdaderamente minúsculo e inapreciable como es el Covid19: me condiciona, nos condiciona, nos elimina la libertad.

Y mientras esto pasa, al otro lado del charco, en Boston, el área de investigación de nanopartículas del MIT liderado por Vladimir Bulovic (MIT.nano) nos habla de que dentro de poco tiempo, tendremos sensores desarrollados en tejidos inteligentes, del tamaño de las propias células humanas.

La tecnología se hace pequeña, para equiparse a la propia esencia del ser humano, y sin quererlo, estaremos otra vez en el día uno del “Teorema zero”.

Por cierto, ¿de qué estábamos hablando?

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