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31
Mar

Intrainnovar: una necesidad que se vuelve viral

El candil o lámpara, representa la inteligencia adquirida, ya que la luz es una perfección para lo transparente, y deposita en la inteligencia material a la inteligencia adquirida convirtiéndola en un reflejo de sí misma”.

Esta frase corresponde a Ibn Sina o Avicena (por su nombre latín), nacido Afshana (actual Uzbekistán), cerca de Bujará, en Agosto del año 980. Fue médico, filósofo, científico, polímata, musulmán, de nacionalidad pero persa por nacimiento. Escribió cerca de trescientos libros sobre diferentes temas, predominantemente de filosofía y medicina.

Sus textos más famosos son “El libro de la curación” y “El canon de medicina”, también conocido como Canon de Avicena. Sus discípulos le llamaban Cheikh el-Raïs, es decir “príncipe de los sabios”, el más grande de los médicos, el Maestro por excelencia, o el tercer Maestro (después de Aristóteles y Al-Farabi).

Es asimismo uno de los principales médicos de todos los tiempos.

Seguro que a estas alturas, no es fácil comprender qué relación tiene Avicena con el título de este artículo. En dos palabras: medicina e inteligencia.

Y estas dos acepciones sí pueden considerarse en línea con los objetivos del artículo, que sería interesante que se hiciera viral.

En estos tiempos dominados por la incertidumbre, el miedo, el dolor y la rabia contenida por la pérdida de tantas personas (pacientes, médicos, enfermeras, policías…) en el mundo a causa del Coronavirus, estamos asistiendo a cómo algunos países, a juicio de muchos de sus ciudadanos, no han sabido dar la respuesta más adecuada, o simplemente, no estaban preparados.

En las empresas y organizaciones de todo el mundo, de cualquier tamaño, sector o modelo de negocio, descansa buena parte de la riqueza y del sostén económico a millones de personas, profesionales y directivos.

¿Pero están preparadas las organizaciones para una situación como la de estos días?

Parece que la respuesta es: no lo suficiente. Quizá no estaban preparadas porque no podían “imaginar” que esto podía pasar. En sus estrategias de negocio, la variable virus o pandemia, al menos en Occidente, no formaba parte de la ecuación. Pero de la noche a la mañana, la Economía, las Bolsas, las empresas y las organizaciones, han visto tambalearse todos los cimientos que, hasta entonces, parecían intocables e inquebrantables. Nada más lejos de la realidad, pues prácticamente todos han caído como palillos.

Es por este motivo que muchos expertos, ven en esta situación pandémica, dentro del dolor, el miedo y la desesperanza, una clara oportunidad de reinvención, de reestructuración, de renacimiento.

La innovación, la creatividad y la transformación digital, se convertirán, por méritos propios, en las disciplinas con mayor evolución en los próximos meses. Y qué mejor que pensar en ir creando, sin prisa pero sin pausa, mecanismos, herramientas y sobre todo entornos de trabajo en los que se genere intraemprendimiento con innovación: intrainnovación.

Los hubs de intrainnovación están llamados a ser durante los próximos tres años, verdaderos motores de la creatividad y la innovación, de la simplificación de tareas, mejoras en la toma de decisiones y transparencia empresarial, tanto en áreas, procesos, procedimientos, filosofías de trabajo y sobre todo, en formas de actuar, inteligentes y efectivas, ante las situaciones más complicadas que nos toquen vivir en un futuro.

Y efectivamente, es una oportunidad de oro para que las organizaciones, pero sobre todo las personas que las forman, a todos los niveles, trabajen de forma conjunta y cohesionada, dejando más tiempo para las ideas y para la creatividad, revolucionando las estructuras de trabajo, la generación de ideas creativas y poderosas del talento interno y evolucionando a una nueva manera de trabajar y hace negocios.

Y no únicamente las grandes empresas, que ya lo vienen haciendo, sino cuantas más, mejor.

Tal vez, se deba tener a un “Avicena” en cada organización, un “médico” para la innovación y la inteligencia creativa, no tanto como medicina para “curar” los problemas o incidencias que siempre existirán, en menor o mayor grado en las organizaciones de todo el mundo, sino, y sobre todo, por apostar por un nuevo estilo de trabajo, disruptivo, innovador, fresco y práctico de tomar decisiones, para situaciones ordinarias, pero también para, y sobre todo, las extraordinarias.

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