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21
Ene

¿Y si vivimos en una simulación? 

¿Y si vivimos en una simulación? 

En una entrevista de hace unos años a Elon Musk este comentó una misteriosa predicción: la posibilidad de que estemos viviendo en la realidad base es una entre millones”. ¿qué quiso decir?

¿Qué es eso de realidad base? En el mundo de la computación llamamos realidad base a la realidad objetiva en contraposición a una posible realidad simulada. Musk predice, por lo tanto, que lo más probable es que estemos viviendo en un mundo virtual, dentro de una simulación muy compleja.

La reflexión tiene su justificación en que el universo tiene 13.500 millones de años de edad. La inteligencia ha aparecido en el universo en el último segundo, hace solo un millón de años y es fácil imaginar, que, con pequeños avances cada década, dentro de otro millón de años (nada comparado a la edad del universo) la tecnología disponible pueda ser tan avanzada que pueda simular la mente humana y la realidad virtual permita simular un presente indistinguible de la realidad.

Si esto ocurriera y fuéramos capaces de simular el cerebro humano, seríamos capaces de crear mentes conscientes y llegados a este punto ¿nos resistiríamos a desarrollar un mundo con seres conscientes en su interior?, seres con vidas que les parecen “reales” y es mas ¿por qué no crear cientos de mundos con variantes para ver qué ocurrirá?

Estas simulaciones, al no tener recursos computaciones infinitos, seguramente tendrían limitaciones, como los videojuegos tienen “atajos” para no tener que calcular absolutamente todo. Un puñado de físicos opina que en nuestra observación de como funciona el universo deberíamos ser capaces de tener evidencias de esos atajos, de esos límites que tendría la simulación, limites pensados para evitar que descubriéramos más allá de lo permitido.

Y es inquietante saber que en el universo hay constantes universales, a modo de límites, sin que tengamos respuesta de por qué tienen el valor que tienen. Ejemplos de esto son la velocidad de la luz, el principio de incertidumbre de Heissemberg y la mecánica cuántica, el principio de exclusión de Pauli, la constante de gravitación universal, la constante de Plank,… son valores matemáticos que parecen diseñados para que la vida sea posible y a la vez no podamos saber ni descubrir mas allá de lo permitido (viajar mas rápido que la luz nos permitiría llegar a otras galaxias y entonces la simulación sería mas compleja al tener que simular otros mundos).

¿Podremos algún día crear un mente humana? 

Para los que trabajamos en temas de Inteligencia Artificial nos gusta imaginar el día en que se pueda crear una “mente humana”, un sistema con la potencia del cerebro y que a la vez tenga consciencia de su existencia. El genial día sería a la vez amargo: si somos capaces de llegar a ese punto, constataríamos que podremos simular un mundo y que las posibilidades de que estemos viviendo una simulación aumentan exponencialmente, a la vez que se desvanece que nuestra realidad sea la base. Musk entonces tendría razón.

Pero la física también nos ha demostrado que la opción mas sencilla, en ausencia de otras opciones, suele ser la verdadera. El principio de “La navaja de Ockam” viene a decirnos esto y la explicación de que somos una simulación dentro de otra simulación parece bastante complicada frente a la opción de estar en la realidad base.

Vale, ¿y qué consecuencias tiene eso? Para la AI muy graves. Penrose piensa no sólo que nuestro cerebro no es un ordenador muy complejo, sino que ni siquiera podemos tener un computador que pueda simular matemáticamente nuestros procesos mentales. Con esto Penrose no está diciendo que en múltiples ocasiones no utilicemos algoritmos (o no seamos algoritmos cuando pensamos), sólo dice (lo cual es más que suficiente) que, habrá al menos algunas ocasiones, en las que no habrá un algoritmo para realizar alguna actividad mental: “la consciencia no es computacionable”

Y la afirmación de que la consciencia tiene una naturaleza no algorítmica, será uno de los debates de los próximos años. Muchos físicos creen que la mecánica cuántica es la que gobierna nuestros pensamientos cuando descendemos a nivel atómico y si es así, las limitaciones de la mecánica cuántica (y el principio de incertidumbre) impedirían conocer con exactitud lo que pasa en su interior sin alterarlo. La matemática también pone su granito de arena sobre esta cuestión: El teorema de Gödel, que demuestra que ciertas afirmaciones en matemáticas son verdaderas, pero no se pueden probar. Vamos, que quizás tengamos consciencia, pero esta no se puede clonar (todo lo computacionable se puede clonar).

La paradoja es que, si la Inteligencia Artificial consigue su máximo éxito al crear un cerebro artificial, significará a la vez que posiblemente somos parte de una simulación… pero la curiosidad es un atributo tan humano que no podemos evitar seguir avanzando, aunque nos tiremos un tiro en el pie. Como decía, de una forma elegante, Richard Feynman, padre de la computación, “La física es como el sexo, seguro que da alguna compensación práctica, pero no es por eso por lo que lo hacemos”. Lo mismo podemos decir de la Inteligencia Artificial.

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