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27
Ene

¿Vamos hacia Megalópolis?

¿Vamos hacia Megalópolis? Sin duda alguna reflexiono mucho sobre este tema, porque veo que por ejemplo en España cada vez más zonas rurales se van quedando vacías y cuando mueren los más ancianos no hay relevo y los pueblos quedan abandonados. Ojo, no soy de pueblo. Soy de ciudad, pero siempre me ha preocupado ese equilibrio, quizás porque los pueblos son un descongestionante de la ciudad. Y lo cierto, es que son las grandes ciudades, las que más crecen, y me pregunto, si en los pueblos no hay trabajo, ¿quién se va a quedar en ellos? ¿Hay riesgo real de que gran parte puedan desaparecer?

¿Y cuando nos alimentemos biotecnológicamente? 

Además, cuando reflexiono veo que los grandes líderes y sus grandes ideas cada vez se agrupan más, no solo en entornos virtuales sino también físicos, a pesar de estar viviendo una pandemia. ¿Y dónde lo hacen? en las ciudades. Claro, si el petróleo del siglo XXI es el dato, para qué necesita un país, grandes extensiones de tierra que cada vez le cuesta más gestionar y dotar con recursos y servicios?. Alguien me podría contestar, que del campo salen los cereales, verduras, carnes varias, legumbres, etc… Y eso es verdad en el año 2021, pero y dentro de 10 ó 20 años cuando comamos alimentos creados biotecnológicamente, y por tanto, los ciudadanos seamos más sostenibles con el medio ambiente?, ¿a quién le va a salir rentable vivir en el pueblo?, ¿a qué se dedicará?, ¿habrá suficiente gente para pagar impuestos y mantener los servicios públicos de esas localidades?. Ojo, las generaciones más jóvenes prefieren comer hamburguesas veganas, que las tradicionales de carne. ¿Esa tendencia puede hacer que acaben desapareciendo las ganaderías?

¿Cómo será el turismo que realicemos en un futuro y en qué medios de transporte iremos?, en vez de ir a pasar un fin de semana a Soria, nos apetecerá viajar en Hyperloop a Suecia en 3 horas? O hacer viajes fuera de la atmósfera y ver la Tierra desde el espacio? Vale, esto último todavía queda, por precio eh?, porque en breve comienzan los viajes, aunque cuesten una pasta. Quiero pensar que seguiremos disfrutando del campo, playa o montaña como hasta ahora, aunque alguno decida hacerlo con sus gafas virtuales aprovechando la última versión del paquete turístico de realidad virtual, que le ha llegado a su avatar.

Desde luego lo que no será sostenible es la deuda de pequeñas localidades, incluyendo ciudades pequeñas. Pero dónde acabará concentrándose la población con una esperanza de vida entre 120 y 150 años? Por supuesto, viendo la pandemia actual, algunos pueden decir que es mejor salir corriendo hacia el campo. Es verdad que la densidad de las ciudades es grande, pero si esta pandemia ha llegado por un coronavirus procedente del mundo animal, y la tendencia acaba siendo que la población tienda a concentrarse en las ciudades y se acaban necesitando menos animales domésticos, al final menos gente tiene contacto con animales, no? La inmunidad se mejora cuando en un entorno cualquiera, el agua es limpia y controlada, disminuyendo las enfermedades. A lo mejor, una ciudad higienizada y saludable es la clave.

Smartcities y sostenibilidad: Megalópolis inteligentes

Por otro lado, vamos hacia un mundo con fuentes de energía cada vez más sostenibles. Y es que ya hay ciudades autocargadoras o autoalimentadas que se están convirtiendo en el campo de pruebas para una serie de proyectos piloto de infraestructura verde, lo que promete un futuro de megalópolis autosuficientes, como puede ser Xiong’an New Area. De hecho, ya hay ciudades en países de Asía, que utilizando Big Data, Inteligencia Artificial, IoT, Blockchain, comunicaciones ultra-rápidas, están iniciando pruebas de ciudades con un Estado tecnológico avanzado. En Europa tenemos Estonia como ejemplo de esto. Pero otros ejemplos de smartcities pueden ser Songdo en Corea del Sur y Masdar en Arabia Saudí, aunque me cuentan que ésta anda algo paralizada.

Las migraciones que vemos en distintos continentes buscan ciudades donde poder tener un futuro mejor. Pero esa población que emigra, no busca campo. Y es que en dos décadas, 2/3 partes de la población mundial se concentrarán en ciudades y el gran crecimiento en este aspecto se va a dar en continentes como Asia y Africa. Se están construyendo ciudades inteligentes y verdes desde 0. Las ciudades existentes siguen creciendo y cada vez se tecnifican más. Y cuando la población se concentra y los servicios están garantizados por las comunicaciones de datos en tiempo real, aparecen servicios públicos inteligentes que cambian el modelo de gobierno y gestión de la sociedad en lo que empezamos a llamar Megalópolis inteligentes.

Las fábricas e industrias dan paso a la creatividad y diseño digital, pero ya no hay naves, ni locales. Una impresora 3D puede imprimir ropa, comida, calzado, prótesis, herramientas, muebles, casas, y todo se haría según demanda, totalmente as a service. Unas megalópolis totalmente sensorizadas, conectadas a fuentes de información basadas en arquitecturas Big Data, con inteligencias artificiales que nos anticipan nuestros gustos, ocios, búsqueda de amistades y un sinfín de posibilidades gracias a la geolocalización.

Es verdad que tenemos el 5G, pero en unos años se implantará el 6G. Y eso facilitará el transporte público autónomo, tejiéndose una poderosa estructura de red. Gracias a la confluencia de los flujos de información de las distintas tecnologías exponenciales se logrará que en tiempo casi real o real se automaticen los servicios públicos de transporte, también a nivel de seguridad creando ciudades muy seguras a la vez que hipercontroladas.  Y como ya hay ciudades en el mundo que intentan crear entornos en los que en 15 minutos andando se disponga de cualquier servicio público que se pueda necesitar, estas megalópolis se harán cada vez más peatonales y verdes. París va a ser un ejemplo, pero muchas otras también, porque arquitectos como Norman Foster están diseñando esos nuevos modelos de ciudad más humanizada y donde el coche vaya haciendo «mutis por el foro».

La nueva industria estará dedicada a generar un mejor reconocimiento biométrico, o de voz, a crear nanomateriales generados a partir de la combinación de estructuras que son más compatibles o se entrelazan de forma que pueden producir más flexibilidad, resistencia, aprovechamiento de la luz para los colores o invisibilidad, o mejoras térmicas, o repeler manchas. Y esto puede ocurrir en cualquier tejido que nos pongamos o en cualquier casa que habitemos. Que hace calor en el exterior?, el edificio sabrá responder de forma automática a nivel atómico y repeler dicho calor dejando un ambiente muy confortable en el edificio en pleno mes de julio y de forma totalmente sostenible. Ya existe y se sigue estudiando el llamado biohormigón, que es capaz de reparar sus propias grietas. Cómo funciona?, pues este biohormigón está mezclado con lactato de calcio, cuenta además con cápsulas diminutas de bacterias que producen cal distribuidas por toda la estructura. Cuando el hormigón se agrieta deja pasar el aire y la humedad, entonces las bacterias se despiertan y comienzan a alimentarse del lactato de calcio que contiene el hormigón, y la bacteria cuando se alimenta de este componente segrega carbonato cálcico que de forma natural sella la grieta y lo hace de forma rápida en el tiempo para que la estructura sufra lo menos posible. Esto lo pongo a modo de ejemplo, ya que el mundo de la nanotecnología se está desarrollando de forma que parece ciencia ficción, pero es toda una realidad.

En el ámbito de la salud, hemos empezado a tener apps en los móviles que nos monitorizan una serie de funciones vitales, y que en un futuro será totalmente normal que estemos diagnosticados al levantarnos durante cada día del año, por aplicaciones que envíen nuestros datos a centros médicos encargados de llevar a cabo analíticas, estudios predictivos de enfermedades conforme a esos datos y que nos aconsejen mejores hábitos de salud en caso de tener algún nivel descompensado. Qué fácil sería diagnosticar a una persona, aunque estuviera viviendo en un pueblo, verdad?

Conclusiones

En definitiva, con esto no quiere decir que esté a favor de las ciudades y en contra de los pueblos. Para nada. Pero sí quiero reflejar una tendencia que cada vez se antoja mayor, porque sin duda, las megalópolis se convertirán en nodos primarios de almacenamiento de datos, con procesamiento en tiempo real, mientras que un pueblo no aportará petróleo del siglo XXI, con tanta abundancia e interés. A qué empresa u organismo le interesa el comportamiento de una persona que da paseos por el campo, se baña en el río, o recoge setas?. Sinceramente, se van imponiendo ecosistemas interconectados o megaciudades, que políticamente podrán dar paso a ciudades-estado con una ciudadanía electrónica o e-residencia que usará firmas digitales criptográficamente seguras y una gobernanza digital con open source, impulsada por infraestructuras de datos basadas en blockchain. Singapur es todo un ejemplo de ciudad-estado, donde los taxis en zonas céntricas ya funcionan de forma autónoma, todo dentro de una gran densidad de población. Hasta los ríos serán inteligentes y nos permitirán saber en todo momento la calidad del agua, de la flora y fauna mediante sensores que comunicarán alertas en cuanto el nivel de contaminación ambiental llegue a un punto concreto.

Nos dicen que todas estas tecnologías exponenciales nos acabarán trayendo una democratización de la sociedad, de forma que todos tengamos acceso a muchos servicios y productos a menor coste. Es posible. Hay empresas de fabricación de productos de deporte que ya lo han hecho en ese mundo del deporte. Pero finalmente, si sigue esta tendencia, cuál será el valor de las cosas?, tendremos intimidad en la ciudad? Lograremos paz, en detrimento de libertad?, viviremos más años con órganos regenerados y una salud mental deteriorada?. Quieres vivir en un pueblo o en una ciudad?, mejor dicho, te empujan a vivir en un pueblo o en una megalópolis?

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