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Jul

Los cambios tecnológicos y las crisis que generan son inevitables

Entender o tratar de comprender la tecnología desde una óptica ingenua, no es buena idea. Con seguridad, lo esperanzador de hoy se convierte en la decepción o preocupación de mañana. A muchos sectores tecnológicos les cuesta demasiado apreciar la consecuencias sociales, económicas y culturales que generan las revoluciones o transformaciones digitales, pero lamentablemente tienen consecuencias profundas y a veces dolorosas.

Es que nunca terminamos de valorar los tremendos cambios que producen tecnologías como el 5G, la robótica, la inteligencia artificial, la computación cuántica, la realidad virtual, las energías renovables y el blockchain. Realmente los viejos modelos de negocio “estallan”, como así también la actual matriz energética y financiera. La industria, el comercio y los servicios están bajo un severo ajuste y, pronto le tocará el turno a las diferentes burocracias administrativas, sean estas públicas y/o privadas.

La actual guerra comercial entre países-empresas o empresas-países es la respuesta a esta lógica disruptiva y cambio de paradigmas. Es en ese marco que debemos analizar la “lucha” en torno al 5G que involucra a países-empresas, el “susto” que genera la Libra (el bitcoin de Facebook) en el mundo financiero, la llegada de “autos inteligentes” y eléctricos, las nuevas modalidades de “guerra híbrida” (ataques a infraestructuras críticas). La recogida de datos, su procesamiento y posterior conversión en información han definitivamente cambiado “las reglas del juego”. 

Las viejas empresas automotrices, podrán saber mucho de inyectores, bujías, transmisión y termodinámica, pero los automóviles de ahora en más serán un chasis, cuatro ruedas, cuatro motores eléctricos y una computadora: eléctricos y autónomos. En mi opinión, las viejas empresas automotrices están muy por detrás de las modernas corporaciones tecnológicas e igual situación atraviesan los “viejos” bancos, que poco a poco son obligados a “jugar” en segunda división por los grandes pulpos de la tecnología. Quizá Uber entendió, antes que nadie, que la venta de automóviles será reemplazado por un sistema de suscripción al sistema de transporte. La necesidad de un sistema de pago con una moneda universal pone de relieve la tecnología del blockchain, aumentado por la desconfianza que generan las monedas FIAT y la imposibilidad del almacenamiento y pago mediante metales como el oro o la plata. 

La realidad virtual y los simuladores ofrecen extraordinarias oportunidades educativas, donde la educación clásica y formal registra un gran fracaso, exhibiendo una tremenda “brecha” entre lo requerido por la sociedad y la formación ofrecida. Fábricas totalmente automatizadas y un sistema comercial, que en tiempo real, evite intermediaciones y almacenamientos innecesarios trabajando en un sistema “bajo demanda”.

Esto sería un problema “menor” si se limitara a un “enfrentamiento geopolítico” entre corporaciones y/o países, lamentablemente las consecuencias (malas y buenas) se instalarán en el seno de la sociedad. Nuevas preocupaciones surgirán en los habitantes del planeta, ¿donde conseguir trabajo? ¿dónde y qué estudiar? A las dos preguntas anteriores, le sumamos la consideración de la disponibilidad de dos recursos vitales: alimentos y agua. Paralelamente vemos que día a día nuestro porcentaje de “vida digital” aumenta en detrimento de nuestra “vida real”, lo cual plantea nuevos desafíos: privacidad, anonimato, manipulación y espionaje. La captación de datos (mediante teléfonos inteligentes, interfaces como Alexa, Siri, Google, Cortana, geolocalización, compras digitales, redes sociales, sistemas de pago, cámaras de vigilancia, etc) puede finalmente establecer una horrenda distopía ya anunciada por Huxley, o el establecimiento de un mundo “orwelliano”.

La única manera de sobrellevar esta carga es tratar de “pensar”, animarse a dudar, ser curioso y experimentar, alejarnos todo lo posible del sistema de creencias. En este punto, es donde el software libre tiene mucho que aportar, también el blockchain en tanto tecnología descentralizada y distribuida. Finalmente, sólo el conocimiento nos hace libres como personas y compartirlo nos hace libres como sociedad. 

Daniel Mery            

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